Gabriel y la col

El conejito Gabriel
salía por la mañana,
porque le daba la gana
y porque lo pasaba bien.
Se iba para el mercado
y se compraba una col,
allí le daba un bocado
y luego se sentaba al sol.

La conejita Tomasa
se pasaba por allí,
y le decía con guasa:
¿Me das un poquito a mí?
Gabriel la quería mucho
pero era un poco egoista
y le decía pachucho:
¡Esta col es sólo mía!
Así que Tomasa, un día,
cansada ya de Gabriel,
se ha buscado un novio nuevo
y se ha olvidado de él.
Y ahora Gabriel sólo llora
y quiere compartir su col,
pero Tomasa le dice:
¡Cómetela solo al sol!
cansada ya de Gabriel,
se ha buscado un novio nuevo
y se ha olvidado de él.
Y ahora Gabriel sólo llora
y quiere compartir su col,
pero Tomasa le dice:
¡Cómetela solo al sol!
