Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de enero de 2010

La mona Luisa


La mona Luisa

Siempre tenía prisa.

¡Que me voy para

El mercado,

Que se acaban

Las bananas!

¡Que me tengo

Que teñir,

Que me están

Saliendo canas!

Mientras hago

La comida,

Iré planchando

La ropa,

Pero como me descuide

Se me va a quemar

La sopa.

Hay una fiesta

En la selva,

También quiero ir

Al teatro.

¡En vez de ser

Una mona,

Tendría que haber

Sido cuatro!

Y así un día

Y otro día.

Descansar,

¿Qué sera eso?

Como no me pare

Un poco,

¡Me estoy quedando

En los huesos!

Luisa se ha apuntado

A yoga.

Quiere olvidar

El estrés.

¡Aprenderá a estar

Tranquila

Y a tener

Quietos los pies!



domingo, 22 de marzo de 2009

Otro cuento

Gabriel y la col


El conejito Gabriel
salía por la mañana,

porque le daba la gana
y porque lo pasaba bien.

Se iba para el mercado
y se compraba una col,
allí le daba un bocado

y luego se sentaba al sol.





La conejita Tomasa
se pasaba p
or allí,
y le decía con guasa:
¿Me das un poquito a mí?

Gabriel la quería mucho
pero era un poco egoista
y le decía pachucho:
¡Esta col es sólo mía!





Así que Tomasa, un día,
cansada ya de Gabriel,
se ha buscado un novio nuevo
y se ha olvidado de él.

Y ahora Gabriel sólo llora
y quiere compartir su col,
pero Tomasa le dice:
¡Cómetela solo al sol!





miércoles, 18 de febrero de 2009

Mi primer cuento


A Marta le gusta el sol

Marta es una niña de seis años. Es alta, rubia, con
el pelo largo y flequillo, y es muy alegre. Su padre es fotógrafo y su madre es veterinaria. Viven en una casita a las afueras del pueblo y tienen un jardín con un columpio y una hamaca. A Marta le gusta mucho regar las macetas con una regadera de plástico rosa que le regalaron para su cumpleaños y se lo pasa muy bien cepillando a Tomás, su gato siamés. Pero lo que más le gusta a Marta de todo, es salir a pasear cuando hace sol. A veces, va paseando hasta la consulta de su madre y espera a que ella termine de trabajar para volver juntas a casa.
A Marta le gusta divertirse. Pero hay una cosa que no le gusta nada, y no sólo no le gusta nada, sino que la pone de muy mal humor. Esa cosa es la lluvia. Los
días de lluvia, Marta arruga la nariz y se pasa todo el día refunfuñando:
¡Qué rollo, está lloviendo! ¡No podré salir de paseo, tendré que pasarme todo el rato en casa y me aburro mucho!
Para intentar animarla, Rosa, su madre, le había comprado unas botas de agua de color rosa y un paraguas azul como el cielo y lleno de soles que brillaban
en la oscuridad. Pero no hay manera, Marta sigue quejándose porque no sale el sol de verdad y está triste y aburrida. Sus amigos, que ya la conocen muy bien deciden hablar con ella para enseñarle que hay muchas cosas que hacer incluso en un día de lluvia.
Miriam y su madre alquilan una de sus películas de vídeo favoritas y se sientan a verla en el sofá tapadas con una manta y tomándose un chocolate calentito.
Carlitos con su padre y su hermanita Natalia se ponen a jugar al parchís mientras su madre les prepara tostadas, luego meriendan todos juntos y después terminan la partida.
Maribel, con sus hermanas gemelas Laura y Cristina, juegan a hacer cabañas en su habitación. Se meten debajo de una manta con una linterna y cuenta
n historias de miedo.
Pablo se pone un chubasquero, coge un bastón y se va a pasear con su abuelo bajo la lluvia. Se lo pasa muy bien y encuentra muchas cosas interesantes como caracoles o setas, e incluso una vez encontraron un pajarito que se había caído del nido y se lo llevaron a casa para cuidarlo. El pajarito se curó y se hizo mayor y entonces lo dejaron libre en el bosque.
Marta les escucha hablar y se da cuenta de que tienen r
azón. ¡Cuántas cosas divertidas me he perdido por pasarme todo el día enfadada!
Este cuento se me ocurrió una noche en que mi sobrina, Sandra, que era pequeñaja, tendría 3 o 4 años, se quedó a dormir conmigo. Siempre que se quedaba me pedía que le contara un cuento, y así, poco a poco, fue conociendo a Caperucita, el Gato con Botas, la Lechera, y tantos otros. Pero esa noche me dijo que quería que me lo inventase yo, y como mejor pude fui hilvanando esta historia. Cuando acabé, la niña me dijo: "¿Eso te lo has inventado tú?. Le pregunté que si le había gustado y me dijo que sí, así que pensé que no debía estar mal. Aquí está el resultado. Más adelante más.

martes, 9 de diciembre de 2008

Todo tiene dos caras



Dicen que la Luna tiene una cara oculta. Todo tiene dos caras. Todo depende desde qué lado se lo mire. Nadie es siempre alegre o siempre serio. Hay un momento y un lugar para todo. Es por eso que yo he querido hacerme este rincón para mi lado menos poético, menos trascendental, y poder dejar mis cuentos infantiles, algún que otro texto más desenfadado y las aportaciones propias o ajenas que vayan surgiendo en el camino.